Usted es una Biblia abierta para muchas personas que están observándole diariamente. Para muchos de ellos, usted es la única Biblia que jamás éstos conocerán. Para ellos, lo que es un cristiano es lo que leen en las palabras, actitudes y acciones suyas. Esto es significativo, porque usted podría in fluir en la salvación o el completo rechazo del cristianismo de parte de algunos de sus vecinos, familiares, y compañeros de trabajo.
Tanto el individuo como la iglesia llevan una responsabilidad muy seria en cuanto a su influencia en la comunidad. Si un creyente cae en la inmoralidad, los vecinos pueden dudar de la sinceridad de los demás creyentes. Esto puede suceder especialmente si observan que la comunidad cristiana no ejerce una disciplina para demostrar su desaprobación de los pecados cometidos.
¿Qué se incluye en la palabra inmoralidad? Una connotación muy limitada se ha desarrollado en la iglesia en cuanto al significado de esta palabra. Muchos creyentes piensan sólo en los pecados sexuales cuando alguien usa ese término, pero los diccionarios definen la inmoralidad como la falta de conformidad con los aceptados principios del comportamiento correcto. Esto significa que muchos pecados que los hermanos clasificarían como “pecadillos” caerían dentro de la definición más amplia de la palabra inmoralidad.
Específicamente, ¿cuál es el papel de la iglesia si uno de sus miembros que ha aceptado la responsabilidad de ser el tesorero de la iglesia, resulta ser ladrón y gasta para asuntos personales una parte del dinero que la iglesia ha puesto en sus manos? O, ¿qué responsabilidad tiene la iglesia si uno de sus miembros pretende ser un médico formal cuando no lo es, y desobedece la ley, recetando medicinas y cobrando por sus servicios? O, cómo debe responder la iglesia si descubre que un miembro está practicando el adulterio? ¿O si está enriqueciéndose por la venta de drogas a los narcómanos?
Jesús aconsejó a sus discípulos en Lucas 17:3, “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.” El modelo divino siempre ha sido la disciplina con el motivo salvador. Dios nunca tiene en menos el pecado. Lo toma muy en serio, pero emplea sus recursos infinitos para rescatar al pecador. Si buscamos un modelo en las prácticas de la iglesia primitiva, descubrimos que el apóstol Pablo reprendió a la iglesia de Corinto, por no tomar en serio el pecado de incesto cometido por un miembro de la congregación. En 1 Corintios 5:5, encontramos la solución que Pablo ordenó.
Habría que excomulgar al hombre inmoral para disciplinario, pero el propósito fue redentor.
En 2 Corintios 2:5-11, Pablo trata con otro caso. (Algunos estudiantes de la Biblia han tratado de identificar este caso con el del incesto mencionado arriba, pero el contexto en 2 Corintios parece señalar un caso de un hombre que había causado problemas serios, por rechazar la autoridad de Pablo en la iglesia) Lo importante para nosotros es que en ambos casos, el apóstol prescribe un tratamiento que pone en equilibrio la disciplina y el perdón. La disciplina cristiana no debe ser solamente una que castigue sino que también redima.
Un estudio de la acción de la iglesia ante los casos de inmoralidad a través de los siglos, revela que ésta ha sido culpable de practicar los dos extremos. En algunos casos ha utilizado la excomunión y a veces hasta el exilio por los actos inmorales de sus miembros. Más tarde el perdón se ha obtenido con facilidad por medios monetarios, como en el caso de las indulgencias.
Es fácil criticar a nuestros antepasados por sus extremos, pero hoy en día también practicamos extremos en nuestro modo de tratar con los hermanos caídos. En algunos casos, les permitimos continuar en sus puestos en la iglesia como si nada hubiera sucedido, y el mundo nos juzga y nos critica por nuestra falta de firmeza. Nuestra falta de acción anima al pecador a que continúe en sus actos inmorales, y se corre el riesgo de que pueda contaminar a la comunidad cristiana.
Otros hermanos pueden sentirse tentados a seguir su ejemplo pecaminoso.
Al otro extremo encontramos a los hermanos que nunca se olvidan de la caída de un miembro. No lo perdonan aun cuando su vida diaria demuestra que Dios ha perdonado y restaurado al ofensor. Pasan los meses y hasta los años, y la congregación todavía deja al hermano en “el exilio’. Nadie quiere darle privilegios de servir de nuevo en la iglesia. Pregunto, si este hermano abandonado se desanima y vuelve al pecado ¿no tendrá la iglesia una parte de la culpa ante Dios?
Entre mis amigos que ya están con el Señor está el hermano E. O. Chalfant, quien servía por muchos años como el superintendente de distrito en Illinois. Era un hombre que practicaba el ministerio de la redención. Tenía éxito especial en ayudar a los predicadores ineptos o caídos a encontrar el perdón y regresar a un ministerio fructífero.
Viviendo en un mundo lastimado y perdido en el pecado, necesitamos todos los obreros que podamos emplear en la obra del Señor. Jesús declaró a los setenta: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos” (Mateo 9:37). ¡Qué fuerzas formidables podríamos juntar si pudiéramos animar a los muchos caídos a regresar a una experiencia de redención, a olvidarnos del pasado, y animarles a luchar con nosotros en contra de las huestes de Satanás!
Dios nos invita a desarrollar la sensibilidad a su dirección, para que podamos reconocer las oportunidades que nos rodean, de estar involucrados en la gran tarea de reprender con sabiduría, y de perdonar y restaurar.
LA ESCRITORA AÑADIÓ:
El tema de este artículo me causa sentimientos fuertes… Por un lado, las persistentes tendencias al legalismo están siempre presentes… Por otro lado, creo que necesita decirse algo también acerca de otra tendencia: la de creer rumores feos acerca de nuestros hermanos en la fe. Con demasiada frecuencia, especialmente al pasar por momentos de duda o de poca auto-estima, nuestros amigos le dan acceso a un rumor falso acerca de “un hermano caído”. Tal vez esto nos quite los ojos de nuestro problema por unos momentos, pero puede destruir la armonía de la comunidad de fe. Yo me he preguntado cuántos de los que son acusados de inmoralidad son inocentes delante de Dios, pero han sido condenados y aislados por los miembros de su propia congregación.
• LA DOCTOHA EUNICE BHYANT
sirvió con su esposo como misionera de nuestra iglesia por muchos años en América Latina, y luego se desempeñó como profesora en nuestra institución de enseñanza superior Eastern Nazarene College.
Revista Dirección – SEPTIEMBRE 1990 -
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