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Fecha de publicación: 05-04-2008
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Publicado en categoría (Artículos, Pastoral - Consejería) por admin
Autor: Anónimo
Fuente: Colaboración
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VIH - SIDA, la crisis espiritual La pérdida de valores y los resultados del materialismo en el que se hunde la humanidad.

Los seres humanos, por propia voluntad y por empuje de una realidad socio-económica, se han venido retirando de la vida natural, del esfuerzo individual y comunitario, de la solidaridad, de la dignidad del trabajo, del respeto por la vida propia y de la de los demás y se han volcado a vivir sólo el hoy, lleno de comodidades, entregado al placer fácil. Fruto de esos factores, vienen padeciendo una serie de hechos que marcan una evolución nefasta para sí y las generaciones venideras.

Uno de esos hechos, son las enfermedades de finales del siglo pasado. Algunas de ellas, las que habiendo desaparecido en algún momento de la historia, se han ido recrudeciendo sobre el final de ese periodo (cólera, dengue, etc.) así como otras nuevas, de reciente aparición, como la Infección por el VIH (virus de la inmudeficiencia humana) y el SIDA(Sindrome de Inmuno-Deficiencia Adquirido).

Esta infección provoca la disminución de las defensas que tiene el cuerpo humano, apareciendo así enfermedades que habitualmente no veríamos en un cuerpo sano, muchas de las cuales, ya han terminado con numerosas vidas. La asociación de la infección y esas enfermedades es el SIDA.

Este cuadro, transformado en una epidemia mundial de difícil control, nace fruto de contagios alcanzados a través de relaciones y prácticas sexuales, no protegidas o no convencionales. A medida que fueron transcurriendo los últimos 20 años, con la presencia del virus en la sangre de mucha gente, se han ido incorporando otras formas de contagio. Pero sin duda, al menos en nuestro país y más aún en nuestra región, la vía sexual es la que más infectados e infectadas ha provocado luego, y por ahora lejos de la cual, se halla la transfusión de sangre infectada en rondas de droga endovenosa, donde se comparte jeringas y agujas.

La edad de inicio de las relaciones sexuales, cada vez más baja entre los adolescentes y jóvenes (el 20% de las mujeres que han tenido hijos en nuestra provincia, al menos en los últimos 12 años, tiene menos de 20 años), la inestabilidad de las parejas, las múltiples parejas, la homo-bisexualidad (que ha generado la transferencia del virus desde el hombre a la mujer), han sido algunas de las causas de la difusión de la epidemia y de la dificultad para controlarla. Por otra parte, la edad de los nuevos/as infectados/as, revela que el contagio pudo haberse producido entre los 15 y 20 años en las mujeres y entre los 20 y 25 años en los varones.

Padecer esta enfermedad, que hoy la puede tener cualquier ser humano, sin distinción de edad, sexo, raza, significa tener un estigma que lo segrega de la sociedad. Un/a infectado/a por el VIH o un/a enfermo/a de SIDA, deja de ser visto como un ser humano común, rechazado por su familia, sus amigos y amigas y relegado en su trabajo, sea cual fuere su condición, aspecto y pronóstico. La discriminación a la que se expone, al conocerse su estado de salud, que por prejuicio fruto del desconocimiento, tiene de esta enfermedad la sociedad en general, hace que poder vivir y desarrollarse, se convierta en una lucha cotidiana, ya no sólo contra la falta de defensas orgánicas fruto de la infección, sino contra el hambre y la inestabilidad producto de la falta de trabajo y del reconocimiento como ser humano.

QUÉ DEBIERA HACER LA SOCIEDAD PARA COLABORAR EN LA LUCHA CONTRA LA INFECCIÓN Y LA ENFERMEDAD?

En primer lugar, conocer, saber, informarse acerca de sus características y difundirlo, sin temores, vergüenzas y tabúes, recordando que está en juego nuestra salud y la de nuestros hijos.

Como consecuencia de ello, aprender a cómo no contagiarse, desde conductas personales e individuales seguras.

Ayudar y motivar a los adolescentes y jóvenes, a postergar la edad de inicio de las relaciones sexuales, orientando a la sana abstinencia.

Cuando las prácticas sexuales están iniciadas, que las mismas sean “SEGURAS”. Por el momento, casi el 80% de las infecciones se han producido a través de las Relaciones Sexuales no protegidas. El preservativo es hoy, el único medio disponible en estos casos para evitar el contagio y, por ende, controlar la infección.

Las parejas o las mujeres solas, embarazadas, deben solicitar dentro del control de embarazo, la determinación del VIH. La detección precoz de la infección y su tratamiento adecuado y oportuno, puede evitar, la transmisión del virus desde la madre al niño, en un muy alto porcentaje de casos.

En cuanto a los Infectados y Enfermos, la familia, sus amigos y la sociedad toda, además de darle la posibilidad de acceder a estudios de su estado de salud y eventualmente al tratamiento de la enfermedad, deben brindarle contención afectiva y de respeto, como cualquier ser humano, eliminar todo tipo de discriminación, que provoque la pérdida de su autoestima y de su fuente laboral, situaciones que los/as vuelven más vulnerables aún frente al Virus, con peor pronóstico, transformándose en una pesada carga de llevar y perdiendo la posibilidad de vivir dignamente.

Se ha dejado de considerar la trasmisión de la infección a través de la transfusión de sangre y derivados, así como de transplantes, porque hoy su número es prácticamente cero y depende de procesos técnicos, más que de conductas sociales.

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